miércoles, 26 de octubre de 2016




La firma de la paz en Cartagena ha quedado –por eso de las agendas políticas- en segundo plano ante la inminencia del plebiscito. Sin embargo, la firma ante la Comunidad internacional tiene una connotación tal, que bien puede decirse que el Gobierno y las Farc se ataron el lunes de ‘pies y manos’ para responder una eventual –y altamente improbable- victoria del No con un impensable a estas horas “rompimiento del cese de hostilidades”. Ni al Gobierno ni a las Farc les daría la cara ni el cuero para responder ante la Comunidad internacional con un regreso a la guerra como muestra de disgusto y despecho ante la libre expresión popular que manifestara No a estos acuerdos, y reclamase victoriosamente  la ‘re negociación’.

Lo anterior viene a cuento de la propaganda que insiste, aun tras la firma del lunes, que la consecuencia de una derrota del Sí significaría una vuelta a la guerra. A estas alturas del paseo y tras la firma protocolaria en Cartagena, es tan cierto aquello de que el Sí no asegura la paz, como también lo es aquello de que el No no propicia la guerra. Para ser justos, hay que admitir que en ninguna de las publicidades y discursos del No, sus defensores, incluso sus defensores a ultranza, invitan a votar por el No como camino para retomar el conflicto por la vía de las armas. Si esto hubiese sucedido –lo de invitar a votar por el regreso a la confrontación armada- otro gallo cantaría y otro sería el contenido de esta columna, tan amante y deseosa de la paz como la que más. Tan amante y deseosa de la paz que no se contenta con alcanzarla con las FARC, sino que también hace votos por alcanzarla con el ELN y dejarla bien amarrada también con las exAUC y sus ‘variopintos´